«En poco tiempo hemos pasado de debatir cómo ampliar la capacidad de plazas hoteleras existentes a buscar turistas desesperadamente para ocuparlas.
Basado en una fuente de Plaza Web Paraná, donde el presidente de la Cámara Entrerriana de Turismo, Juan Acevedo, aseguró que las reservas para el receso invernal son “muy bajas” y atribuyó el escenario a la situación económica.
Podemos analizar más profundamente que la crisis que atraviesa hoy el turismo de Concordia no puede explicarse únicamente por la situación económica nacional, que es compleja, o por la pérdida de competitividad frente a Uruguay. Esos factores existen, pero sería un error no mirar también hacia adentro.
La ciudad enfrenta una caída del consumo, dificultades en el comercio local, pérdida de puestos de trabajo a gran escala y una marcada disminución de la actividad turística. Hoteles, cabañas y prestadores coinciden en que las reservas están lejos de los niveles que supo tener Concordia en años anteriores.
Recordemos que hubo una etapa en la que Concordia desarrolló una estrategia de promoción agresiva e inteligente. Las promociones cruzadas con la Ciudad de Buenos Aires, Villa Carlos Paz, Mar del Plata y Rosario permitían llegar a miles de potenciales visitantes y, a su vez, generaban una relación de aprendizaje e intercambio de conocimiento constante con esos destinos maduros a nivel nacional.
La ciudad contaba con cartelería de la marca Concordia en la Ruta Nacional 14 y en rutas provinciales estratégicas. Por otro lado, Concordia recibía periodistas especializados, influencers y programas de televisión de alcance nacional como Marley (Por el Mundo) o Agustín Neglia (Modo Selfie), que mostraban nuestros atractivos turísticos y fortalecían la marca Concordia.
Actualmente, esa presencia nacional prácticamente ha desaparecido. Las acciones promocionales aparecen aisladas, sin reciprocidad con otros destinos y sin una estrategia sostenida que permita recuperar mercados.
A eso se suma el retroceso edilicio y tecnológico del Centro de Información Turística, que debería ser la puerta de entrada a la ciudad y hoy evidencia un deterioro incompatible con una política turística moderna e innovadora.
Acompañando este escenario, nos encontramos con una fuerte degradación política e institucional, con la baja de rango de la Secretaría de Turismo al pasar a ser Subsecretaría y depender de otra órbita ajena a la materia, quitándole autonomía para funcionar con presupuesto propio, algo clave para la toma de decisiones y que ralentiza los procesos internos para su funcionamiento óptimo.
Por otro lado, el EMCONTUR, que en sus orígenes nació como la herramienta fundamental para integrar al sector público y privado en una misma visión de desarrollo, hoy evidencia falta de participación, articulación, planificación conjunta y una estrategia común entre los distintos actores centrales de la actividad.

También se visualiza al Bureau desarrollando sus propias acciones, a los complejos termales impulsando campañas promocionales individuales y a los prestadores trabajando de manera aislada. Esto demuestra que la ciudad carece de una hoja de ruta compartida que ordene esfuerzos y objetivos.
Sumado a ello, espacios centrales de Concordia, como la Costanera y el Parque San Carlos, funcionan como compartimentos estancos, sin una integración real entre sí ni con el resto de la oferta turística.
Quizás el mejor ejemplo del cambio de escenario lo aporta el propio sector hotelero. Hace algunos años, la discusión era cómo generar más plazas para responder a una demanda que alcanzaba ocupaciones cercanas al 100% durante vacaciones y fines de semana largos. Hoy, la preocupación es muy distinta: cómo atraer turistas para ocupar las plazas disponibles.
Al mismo tiempo, Concordia cuenta hoy con una herramienta estratégica que durante años fue un anhelo de toda la región: el Aeropuerto Comodoro Pierrestegui, recientemente habilitado para operaciones comerciales y concebido como una infraestructura clave para potenciar la conectividad, el turismo y las inversiones.
Sin embargo, la existencia de la infraestructura por sí sola no garantiza resultados. La verdadera discusión pasa por cómo conectar esa ventaja competitiva con una política activa de captación de eventos, congresos, convenciones y turismo corporativo.
En las principales ciudades del país, los aeropuertos y los centros de convenciones forman parte de una misma estrategia de desarrollo. En Concordia, esa articulación todavía no logra visualizarse con la intensidad que exige el contexto actual y mantiene solo una agenda básica e institucional para un Centro de Convenciones con capacidad para 900 personas.
Concordia tiene termas, naturaleza, río, gastronomía, cultura y una ubicación estratégica privilegiada. Lo que falta no son recursos. Lo que falta es una política turística moderna, con liderazgo, planificación, articulación público-privada y capacidad de ejecución.
Los planes estratégicos logrados son muy importantes, pero no pueden quedar reducidos a diagnósticos o presentaciones. Deben transformarse en acciones concretas, metas medibles y resultados visibles.
Concordia necesita recuperar protagonismo. Y para lograrlo no alcanza con administrar la coyuntura. Hace falta una visión de ciudad, decisiones políticas y una estrategia turística de largo plazo que vuelva a generar el empleo perdido en este tiempo, inversión y oportunidades para todos los concordienses»



1 comentario
Anónimo
Capaz uds también votaron esta política creyendo todas las mentiras que dijeron, el 2027 ya está cerca recuerden todo esto.