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domingo 15 de octubre de 2023
hace 250 días

Argentina y el desafío de la Antipolítica (Parte Uno)

Por: Ricardo Monetta
Última actualización:
hace 250 días
¿Cómo descifrar este momento de incertidumbre política que vive nuestro país ante el próximo compromiso electoral? Porque no son unas elecciones más. Es de esas que pueden trastornar o transformar la salud pública, económica, social, y económica de un país donde "todos juegan a disfrazarse, como dice la canción".

Es que el Neoliberalismo ha fracasado en nuestro país como en el resto del mundo. Por eso es que estallan las guerras. Cuando ya no resultan más las políticas de saqueo legal e ilegal con las mafias de las corporaciones y financieras internacionales, el sistema «hace agua», y entonces se produce la «fuga hacia adelante» blandiendo la condición del más fuerte. Este sistema neoliberal es el que nos ha arrastrado a nosotros, mientras nos hipnotizamos a través de los medios tecnológicos, y la crisis prolongada del neoliberalismo nos llevó puesto a todo el mundo. Esta crisis que comenzó financieramente con el desastre en 2008, y tuvo el mérito de mostrar que el Capitalismo y el Neoliberalismo no son la misma cosa. Porque el primero se está deshaciendo del segundo, del mismo modo que el capitalismo del siglo XX, se deshizo del Liberalismo clásico, y fomentó el ascenso del Fascismo y el Nazismo. Ahora nos encontramos en una situación similar.

El fin del neoliberalismo ha abierto una fase de gran inestabilidad y las alternativas que tenemos ante nosotros son una peor que la otra.

Patricia Bullrich, «engendro» de Mauricio Macri, no tiene representación genuina, ni ella ni Mauricio, porque carecen de «categoría política» de un supuesto partido de mezcla rara de oligarquía, burguesía conservadora, y otros «restos» de sociedad reaccionaria que odian al Estado que los controla.

El neoliberalismo «casero» de Macri fracasó, en la acción de gobierno proyectado en favor de la sociedad. Pero no fracasó como empresa privada de saqueo legal de los bienes físicos y monetarios de un país que, en boca de sus propios miembros de su equipo económico, confesaron que el endeudamiento infame de más de US$100 mil millones de dólares, tanto con el FMI, como con la Banca privada, se pudo realizar como consecuencia del contexto ventajoso que les dejaba el gobierno anterior y que condenaron a varias generaciones a sufrir penurias por el sabotaje político, mediante y extorsionador de unas corporaciones de las más rancia estirpe, que no le perdonan al pueblo argentino, que lograran una vez, probar las «mieles» de una vida digna y la conquista de derechos sociales que los igualan a sus «patrones», por lo menos en el disfrute de una vida honorable de ser vivida.

Pero lo más triste, es que esa infamia, se vistió de «legalidad» por una impúdica acción Judicial, de un sector de la Justicia colonizada hasta el tuétano, para formar una barrera de impunidad que les permita salir airosos de todo intento de Justicia, coronada por una Corte Suprema que compiten entre sí para saber quién es servil a sus amos que los entronizaron de manera antidemocrática.

Volviendo a las opciones antidemocráticas, tenemos un candidato estrafalario, Javier Milei, cuyo ultra neoliberalismo o anarcocapitalismo es un peligro para el futuro de la Nación. Por eso el principal objetivo de Milei consiste en operar una hiper centralización de la Economía y del poder a través de una moneda que ya no tenga como sujeto al Estado, sino la oligarquía local y a la Reserva Federal de EE. UU. Las innovaciones del capitalismo cognitivo, el capitalismo de las tecnologías y de las plataformas, las fantasmagóricas creaciones de la Inteligencia Artificial, parecieran estar recreando a un viejo poder oligárquico que, junto con la guerra, habían decretado muerto y enterrado.

El programa de Milei conduce exactamente a lo contrario de lo que propone, a saber: Privatizar la creación monetaria eliminando el control del Estado sobre sus flujos, lo cual liberaría el desarrollo de las fuerzas productivas. Él dice: «La gente elegiría voluntariamente entre las monedas disponibles» y gracias a la libre competencia entre ellas, escogerá la «mejor moneda», que sin duda no será el «peso». El origen de todos los males, según Milei, está en la «centralización de la creación monetaria». De ahí el odio de los Bancos Centrales, que encuentra un consenso seguro entre la población, que ve evaporarse a gran velocidad sus ahorros y el poder adquisitivo. Milei dice: «Hay diferentes tipos de Bancos Centrales, los malos como el FED, y los pésimos como los de América Latina. El «candidato» Milei afirma: «El Banco Central de la Argentina es una «mierda» y será clausurado si es elegido. (¿A quién le daría el poder de control de los demás Bancos?). También promete reducir el gasto del Estado en un 13%; y afirma «Lo que exige el FMI es minúsculo comparado con el plan de austeridad que propongo».

En síntesis; para el ultra neoliberalismo que propone Milei, las relaciones económicas existen independientemente de la moneda, que solo interviene al final del ciclo productivo como mera herramienta contable. Es como dicen los de la Escuela de Chicago, «Un velo que cubre la realidad económica», con el propósito de despolitizar la moneda. Pero antes de ser económica, la moneda tiene una naturaleza política, porque depende siempre de un centro de poder. De hecho, ella es una de las expresiones más importantes de la soberanía de un país. Acuñarla ha sido siempre el privilegio de los reyes, que el Estado moderno delega en los Bancos.

Para comprender cómo funciona hoy la moneda en el Capitalismo hay que conocer:
La free banking existe desde hace 50 años. La liberalización de la creación monetaria se puso en marcha tras la declaración de inconvertibilidad del dólar en oro que mostró su naturaleza política; «Un dólar es un dólar» dijeron los EE. UU. con el abandono del patrón oro como respaldo.» Por eso el dólar es nuestra moneda y es vuestro problema» (Richard Nixon dixit).

Fue entonces que el free banking creo la mayor crisis sistémica del Capitalismo en 2008. En ese momento el Capitalismo se salvó gracias a la intervención de los Bancos Centrales. Anteriormente si no hubiese sido por el involucramiento estatal el sistema habría colapsado unas 30 veces entre 1971 y 2008. Y para colmo, el rescate se hizo trasladando el costo de la deuda privada a los sectores más débiles de la población.

Por eso el dólar, que supuestamente se convertiría, en un supuesto gobierno de Milei, no funciona en absoluto según la lógica de mercado que propone Javier Milei, sino exactamente al revés. Y esto está férreamente controlado por la Reserva Federal de EE. UU., que produjo la mayor centralización del poder sobre la moneda jamás registrada en la historia del mundo. Es decir, se pasaría de una centralización nacional a otra imperial, favorable solo a la oligarquía argentina.

En el fondo el proyecto de los ultraliberales de Milei, es quitarle al Estado toda posibilidad de acuñar moneda, privatizando al máximo la creación monetaria. Hoy, a nivel global, el 90% de la creación monetaria es obra de los bancos privados. Los créditos que conceden los bancos no se basan en los depósitos que tienen, es decir en el ahorro, sino todo lo contrario, son los créditos los que crean los depósitos. El Banco crea dinero de la nada. Este extraordinario poder económico y político ya ha sido transferido del Estado a los particulares y es la madre de todas las privatizaciones. Por eso, siguiendo esa lógica de privatización, el neoliberalismo impuso la separación del Tesoro y el Estado como en EE. UU. Y este ya no podría imprimir moneda para garantizar gastos sociales, educativos, de salud, de infraestructuras, etc. Y deberá financiarse entonces, ¿dónde? En la Banca privada. Mientras en esa política económica de Milei, el Estado obtenía su capital del Tesoro a un interés prácticamente NULO, ahora tendría que pagar tasas de interés abusivas a los financistas privados, lo que provoca que la deuda pública se dispare y se convierta en la «gallina de los huevos de oro» para la especulación financiera. Por culpa de ese «modelo», Francia tiene una Deuda Pública de un 112% de su PBI. Si no hubiese existido esa separación entre el Estado y el Tesoro, esa misma deuda no superaría el 40%. Toda esa diferencia ha sido «engullida» por la supuesta eficacia de los mercados que ponen en juego un mecanismo de extracción, como si tuviesen el derecho de apropiarse de una parte de la riqueza de la sociedad, al igual que la «aristocracia» lo hacía en el anterior régimen.

Por eso el programa económico de Milei va orientado a favorecer a las corporaciones transnacionales a cambio de restablecer el déficit fiscal, más el ajuste despiadado. ¡¡Abramos los ojos!!

Continuará.

 

 

 

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