Mientras el mundo mira de una manera distraída o voluntariamente ciega, la arquitectura de un nuevo régimen de poder se ha configurado. Pero no se trata de una conspiración en la sombra, sino de la consecuencia lógica de una nueva fase del capitalismo global: la emergencia de un sistema integrado de poder, con la convergencia de varios sectores del capitalismo. La financiarización total, la revolución digital, la crisis de la democracia representativa y la sed de hegemonía en un orden mundial multipolar son la nueva norma a imponer.
La sumisión casi absoluta, rayana en humillación, por parte de Javier Milei no tiene límites en cuanto al nivel de servidumbre hacia Donald Trump. Lo único que le falta es que en la próxima reunión que tuvieren le diga: "Donald, te pertenezco". Esto y mucho más viene al cabo cuando un Boeing C-400, perteneciente a la flota de la Fuerza Aérea de los EE.UU., aterrizó el domingo pasado al mediodía en Ushuaia bajo normas de mayor opacidad.
La supuesta lucha por el “nuevo orden mundial” crea un mundo distópico en el que el planeta pasa factura a través de terremotos, inundaciones, incendios pavorosos, desequilibrios demográficos y migraciones compulsivas, todo por algo que muchos sabían, pero lo ocultaban: la depredación provocada por la acción del hombre sobre el planeta Tierra.
En todas las civilizaciones, las distintas naciones, o imperios, llevan la “marca en el orillo” de su gen ancestral. Cuando los descendientes del Mayflower, donde llegaron los famosos 67 Padres Peregrinos, venían de una tierra poblada de conquistadores a la fuerza, porque su pequeña isla de las Bretañas no era fértil para una cultura del desarrollo, por lo que se lanzaron a los mares en son de conquistas.
La periodista de C5N fue blanco de una persecución mediática y laboral tras calificar como genocidio la guerra en Gaza. El caso reabre el debate sobre los límites reales de la libertad de expresión, el uso político de la acusación de antisemitismo y el avance de un clima de disciplinamiento informativo en la Argentina actual.
El presidente de EE. UU. pone toda la "carne en el asador". Tanto en la economía, la guerra, como en la política interna. Está decidido a dejar hasta los últimos "jirones" de su cada vez más disminuido poder "imperial" para tratar de volver a ser lo que alguna vez, hasta hace poco tiempo, fue: la nación de mayor hegemonía en el mundo. A pesar de su negacionismo dogmático, de su narcisismo patológico y de su arrogancia anglosajona, está empecinado en tratar de ser el líder de un nuevo Orden Mundial, ignorando que ya hay varios actores que han desplazado a su país de esa primacía que le permitió ejercer un capitalismo depredador y de sumisión al resto del mundo.
Desde los primeros tiempos de la Humanidad, las disputas tribales, luego transformadas en conflictos más violentos, tuvieron sus orígenes en conflictos religiosos, de expansión territorial, por choque de culturas diferentes o por ansias de dominación imperial. Cualquiera fuese su origen, fueron evolucionando en categorías de fuerzas armadas más organizadas y con avance tecnológico, hasta que se llegó a un límite con la fabricación de artefactos nucleares que sirvieron como elemento de disuasión masiva, para entrar en lo que se llamó la “guerra fría”, que si bien no fue una confrontación a nivel mundial, sirvió esa denominación para disimular los conflictos regionales que no cesaron hasta nuestros días.
Los incendios que arrasaron la Patagonia, el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, la eliminación de ANDIS, la regresiva reforma laboral, no pertenecen al mismo expediente administrativo ni ocupan el mismo lugar en la agenda pública; sin embargo, tienen un hilo conductor que evidencia algo más profundo y peligroso que la suma de crisis o ataques sectoriales: o sea, que todas las medidas regresivas que se despliegan en la administración pública tienen una intencionalidad manifiesta que hacen, con su sumatoria, una imposibilidad de una vida digna.
En el corazón de la antigua Persia, hoy en Irán, se libra desde el punto geopolítico una batalla silenciosa con algoritmos, sanciones y narrativas diseñadas para sofocar y desestabilizar una nación. La suspensión de la posibilidad de acceder a Internet por parte de la población iraní no es la de ocultamiento de la rebelión intestina provocada por deficiencias del Presidente de turno y de su gobierno, y de las operaciones de "falsa bandera" que operan tanto de la CIA como del Mossad israelí. Por supuesto, no está mal visto que la mitad de la humanidad dependa de seis empresas de EEUU que gobiernan la información, dejando trascender lo que a ellas y las élites dominantes les interesa que se sepa. Pero cuando Irán gestiona el flujo digital durante un apagón de Internet de semanas, Occidente lo tacha de censura totalitaria. Lo que para Teherán es una pausa de supervivencia, para Washington es prueba de tiranía.
Por primera vez en la historia de EEUU, una jueza federal ha abierto las puertas para un posible juicio político a Donald Trump. La jueza Tania Chen ha dejado constancia de que el Congreso no puede seguir esperando que le manden las violaciones expresas: 14 violaciones a órdenes de silencio constituyen un peligro para la marcha normal de la Justicia.