En el medio de la lucha de ambientalistas entrerrianos para impedir la instalación de HIF, la planta de metanol que instalarían en Paysandú, República Oriental del Uruguay, frente a Colón, el Intendente de Salto (ROU), Carlos Albisu, calificó la iniciativa inversora de HIF como una "oportunidad histórica" que generará un efecto derrame en todo el litoral, especialmente por la proximidad de los proyectos previstos en el departamento de Paysandú.
La Administración Trump quiere 200.000 millones de dólares extra para su guerra en Irán mientras busca desesperadamente cómo frenar la escalada de precios del petróleo, con el barril llegando a los 118 dólares, al tiempo que el presidente de EE.UU. dice cada día que Irán está derrotado. Todo son contradicciones. El presidente de EE.UU., Donald Trump, es capaz de decir en la misma conferencia que Irán está derrotado y, a la vez, reconocer que necesita más dinero para seguir con la guerra que está cumpliendo su tercera semana.
En medio de la escalada bélica en Medio Oriente, y como siempre sucede, el peso de los intereses económicos atraviesa el conflicto. Petróleo, poder financiero, industria militar y geopolítica aparecen como engranajes de una guerra que, más allá de los discursos oficiales, vuelve a poner en escena al viejo protagonista de siempre: “Don Dinero”. Detrás de las decisiones políticas y militares se esconde una disputa por el control de recursos, mercados y hegemonía global.
En épocas tan dramáticas como lo es una guerra sin justificación lógica, la mitomanía y la mutación de la realidad por escenarios inimaginables es una constante que, sin ningún tipo de pudor, se ejerce en forma casi despiadada para ocultar las miserias y responsabilidades que les cabe a cada uno. Al referirme a la “banda Epstein” me refiero a Donald Trump, Benjamin Netanyahu y el perverso Jeffrey Epstein, que con su ya famoso “archivo” ha pasado a ser determinante en las decisiones políticas que el mundo entero pagará muy caro.
Las traiciones existieron desde tiempos inmemoriales en la historia de la humanidad. Supuestamente Judas fue uno de los más famosos. Pero en la historia de Occidente fue Julio César, emperador romano, quien, cuando fue asesinado en las escalinatas del Senado, exclamó la famosa frase: “¿Tú también, Bruto?”, al identificar a su hijo adoptivo como uno de los conspiradores. Algo insólitamente parecido se ha producido en medio de la guerra de EE. UU.–Israel contra la República de Irán.
En medio de una nueva escalada bélica en Medio Oriente, declaraciones de funcionarios estadounidenses, internas en los organismos de inteligencia y revelaciones vinculadas a los archivos de Jeffrey Epstein vuelven a alimentar sospechas sobre las verdaderas motivaciones del conflicto. Entre acusaciones cruzadas, presiones geopolíticas y disputas de poder, el escenario internacional aparece atravesado por un entramado de intereses que expone las tensiones y contradicciones de las élites que conducen la política mundial.
Hace varios días que el infierno tan temido abrió sus puertas, atendido por sus propios dueños. Todos miran para arriba para defenderse de la responsabilidad de no solo haber iniciado la guerra, sino también de no haber podido o querido (?) llegar a un acuerdo para no exponer a la Humanidad a un absurdo conflicto que, de por sí, es anticivilizatorio. Los objetivos de Trump y Netanyahu son públicos y notorios: provocar, mediante el terror, el descabezamiento de la República Islámica y tratar de favorecer así, a través de una guerra civil, un cambio de régimen. Típico del manual del imperio.
Umberto Eco, este notable escritor italiano, autor de El nombre de la rosa, que fue llevada al cine, le había advertido al mundo que el fascismo del siglo XXI no vendrá con camisas “pardas”, botas y discursos altisonantes. Vendrá disfrazado de libertad y esperanza. Y tenía razón.
Mientras se invoca la seguridad de Occidente y la amenaza nuclear iraní, se despliega una maquinaria mediática que justifica la violencia preventiva y naturaliza el sufrimiento civil. La guerra, presentada como inevitable, encubre tensiones internas, fracasos diplomáticos y la necesidad de líderes debilitados de reinventarse en el campo de batalla.
En este estado de incertidumbre bélica, mientras afiebradas negociaciones tratan de retomar el camino de la paz, no debería leerse como un estallido emocional ni como el resultado exclusivo de un incidente diplomático, como lo fue el asesinato del archiduque Fernando en Sarajevo en 1914, que desencadenó la Primera Guerra Mundial. Esta situación de marchas y contramarchas, de intimidación y amenazas recíprocas, es el resultado de una manifestación concentrada de las tensiones estructurales del capitalismo en su fase de transición hegemónica.