Anestesia es una palabra de origen griego que significa pérdida de la sensación. Del sentir, de la sensibilidad. En estos días su uso “orgiástico” estuvo en debate. Es tal vez el signo de estos tiempos. Es quizás, más allá del uso de la sustancia específica que la produce, la búsqueda de todo consumo. Desensibilizarse. Freud decía de las adicciones que eran formas tóxicas de suprimir o cancelar el dolor innombrable. El alcohol, un quitapenas. Es probablemente por eso que el consumo sea el síntoma social predominante. Un modo de adormecerse frente al espectáculo de lo siniestro que se urde en lo cotidiano y el de lo espeluznante que parece excepcional pero reconoce las mismas raíces. Una (mala) forma, un intento fallido, de soportar el horror.
Una escena escolar, un dato alarmante y una imagen en la vereda bajo la lluvia se entrelazan en esta reflexión sobre la salud mental como urgencia social. Entre el hambre, la soledad hiperconectada y la falta de acceso a profesionales, el texto pone en el centro una idea tan simple como olvidada: escuchar —de verdad— puede ser la primera forma de cuidado.
Esta historia de los libros censurados por la dictadura, que hoy terminaremos de contar, seleccionando algunas obras, nos atañe a todos. Remite a esa laguna profunda en la inteligencia, en la imaginación, en la sensibilidad de una sociedad a la que se le prohibió pensar a riesgo de su vida, con una bayoneta en la cabeza, entre 1976 (y un poco antes) y 1983.
Un informe de inteligencia de la Triple A calificó a Mascaró, el cazador americano como una obra “subversiva” y sentenció a su autor. Detrás de ese dictamen, la maquinaria represiva avanzó sobre Haroldo Conti, desaparecido en 1976. Entre la belleza literaria y la persecución ideológica, esta nota recupera su obra, su coherencia y su compromiso, como un acto de memoria frente al terror.
Tras el conversatorio ofrecido por Rocco Carbone y Claudia Cesaroni, algunas reflexiones sobre el papel central que tiene el lenguaje en la disputa política y cultural de nuestro tiempo. Las palabras no solo describen la realidad sino que la moldean: pueden justificar la violencia, naturalizar la injusticia o construir sentidos emancipadores. En esa batalla por el significado de los hechos, donde se decide entre fascismo o emancipación, recuperar el sentido profundo de conceptos como libertad, igualdad y justicia social aparece como una tarea imprescindible.
El libro “Un elefante ocupa mucho espacio”, de Elsa Bornemann, fue uno de los libros censurados por la dictadura cívico-militar y eclesiástica. Mediante el decreto 3155/1977, Videla ordenó la prohibición de su circulación, el secuestro de los ejemplares y la clausura de la editorial que lo publicó. Incluye 15 relatos fantásticos que estimulan el pensamiento, la sensibilidad y la imaginación creadora, esos peligrosos ejercicios de la inteligencia que la dictadura temía y reprimía.
“La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido” Milán Kundera
Durante la pandemia fue consenso en la gente y en los medios de comunicación que la salud mental adquiría otro relieve, una importancia que no tuvo antes de esa experiencia traumática que vivió la humanidad. Se asociaba el campo de la salud mental, de un modo difuso, a una serie de malestares como la depresión, las adicciones, la violencia, el estrés, los ataques de pánico, etc., que se oponían a un ideal abstracto de bienestar. A un equilibrio que surgía del interior y que había que conseguir mediante procedimientos de autorregulación como las meditaciones, respiraciones profundas, gestión emocional, biodecodificación, aturdimiento farmacológico y ejercicios contra el estrés, entre otras por el estilo.
Hay seis fusilados sin nombre, sin cuerpo, sin sepultura, leyó seguramente inquieto, conmovido, Rodolfo, e inició una investigación periodística basada en esos datos. Estremecedores, fantasmales, espeluznantes. Al igual que su homónimo, autor de Operación Masacre (1), la información impulsó a Rodolfo Petriz a emprender una rigurosa indagación que, ardua, difícil, por momentos atravesada por miedos, silencios y tabúes de los consultados, culminó con el documental "Los fusilados de Racing".
“Pero no ves, gilito embanderado, que la razón la tiene el de más guita, que la honradez la venden al contado y a la Moral la dan por moneditas... Que no hay ninguna verdad que se resista frente a dos pesos moneda nacional…”. (¿Qué vachaché?, tango de Enrique Santos Discépolo que tiene un siglo, pero puede dedicarse sin dificultades a los legisladores que aprobaron la reforma laboral).