Veníamos del fútbol cinco con un amigo al que no le gusta la política, de esos que en las elecciones dicen “que gane cualquiera, total yo mañana tengo que trabajar igual, gane quien gane”. Pero esta vez, por vez primera creo desde que somos amigos y hablamos de todo —de fútbol, de las vacaciones, de las familias, de la escuela de los pibes—, pero de política no, porque no le interesa, me dice siempre, en esta oportunidad, casi de sopetón, un poco preocupado me preguntó: “Che, ¿qué onda con la reforma laboral esa?”.
A partir de la muerte de Julio Cortázar y de su emblemático cuento “Casa tomada”, una relectura alegórica que dialoga con la historia política argentina. Entre exilio, dictadura y memoria, la casa se vuelve metáfora del país y de las disputas por su destino.
Mientras el padre Paco Olveira es detenido y reprimido por acompañar el reclamo de jubilados que no logran sobrevivir con ingresos de indigencia, en Concordia se profundiza una crisis social atravesada por despidos municipales, pobreza creciente y el avance de una reforma laboral que amenaza con debilitar aún más las condiciones de trabajo. Un llamado a reflexionar sobre la opción por los pobres, el rol del Estado y las responsabilidades políticas frente a la exclusión.
Uno se cruza siempre con Cuba, esa experiencia humana de la utopía, más que país que navega en un mapa: un largo lagarto verde (1), ahora amenazado, una vez más, por el Imperio, en esta oportunidad de asfixiarla de petróleo por el Sheriff del mundo. Yo me la crucé hace unos días cuando Cristian Montenegro contó, en un encuentro de “Leer por leer” (2), cómo era el sistema de salud en la Isla. Es claro que es público, gratuito, universal y hace foco en la medicina preventiva y la atención primaria. Se basa en el médico y la enfermera de la familia, con una cobertura total y visitas a domicilio. Así han logrado las tasas de mortalidad infantil más bajas de América y una altísima esperanza de vida al nacer.
Entre el recuerdo luminoso de una fiesta nacida desde el barrio y la postal sombría del presente, la Maratón de Reyes se corrió esta vez bajo el cielo pesado de una celebración forzada, de alegría contenida y una ciudad atravesada por el dolor, la exclusión y el autoritarismo.
“Extraño la época en la que Estados Unidos daba golpes de Estado pero lo negaba porque le daba vergüenza” (Daniel Paz y Rudy, humor gráfico de tapa, Página/12, 04/01/26)
Un presupuesto convertido en arma: recortes que apuntan contra las personas con discapacidad, la universidad pública, la ciencia y el futuro mismo. Entre la crueldad planificada y la resistencia que nace desde abajo, la Argentina atraviesa un modelo de poder que pretende amputar el deseo y la esperanza de un pueblo que no se resigna.
En el tiempo de las mesas incompletas y las sillas vacías, la memoria vuelve a poblarse de presencias. A partir del poema de Cortázar, este escrito recupera la figura de Claudio “Pocho” Lepratti, militante social asesinado en diciembre de 2001, como símbolo de esos hermanos que no conocimos del todo, pero que siguen vivos en la conciencia colectiva, en la lucha y en el altar íntimo de la memoria.
Es la frase icónica que José, personaje encarnado por Héctor Alterio, lanza a los vientos en la extraordinaria película Caballos salvajes, dirigida por Marcelo Piñeyro. No hay argentino que no la haya adoptado en momentos de dificultad, pero también de esperanza. Producto del neoliberalismo de los 90, caracterizado, como hoy, por la estafa, la corrupción, el robo y las injusticias, José se reencuentra en ese momento con la solidaridad y los horizontes nobles como sentidos profundos para volver a celebrar la vida.
La preocupación por el futuro de la educación en Entre Ríos crece ante el anuncio del posible cierre y desfinanciamiento de profesorados y centros de formación docente. Con salarios por debajo de la pobreza, recursos en retroceso y jóvenes cada vez más desesperanzados, la comunidad educativa se moviliza en defensa de la educación pública y de un horizonte que no se apague.